En la operación diaria, pocas decisiones influyen tanto en la continuidad y eficiencia como el tipo de mantenimiento que se aplica a los montacargas. Aunque los términos “preventivo” y “correctivo” son conocidos, en la práctica no siempre se tiene claridad sobre cuándo aplicar cada uno, lo que puede traducirse en fallas inesperadas, paros operativos y costos innecesarios.
El mantenimiento preventivo se basa en la anticipación. Consiste en realizar servicios programados (como cambio de aceite, revisión de frenos, sistema hidráulico, llantas o baterías) antes de que aparezcan fallas. Su objetivo es claro: evitar interrupciones y mantener el equipo en condiciones óptimas. Este tipo de mantenimiento se planifica por horas de uso o por calendario, lo que permite tener costos controlados y predecibles, generalmente entre un 8% y 12% del valor anual del equipo.
En contraste, el mantenimiento correctivo ocurre cuando el montacargas ya falló. Es una respuesta reactiva que puede implicar desde ajustes menores hasta reparaciones mayores en componentes críticos. Aunque es inevitable en ciertos casos, depender de este enfoque incrementa la incertidumbre y los costos. No solo por la reparación, sino por el impacto operativo: un equipo detenido afecta tiempos, cumplimiento y productividad. En escenarios sin control, estos costos pueden elevarse a 20% o más del valor del equipo al año.
La diferencia clave está en el momento de la acción: el mantenimiento preventivo evita problemas, mientras que el correctivo resuelve consecuencias. Las operaciones que trabajan únicamente de forma reactiva suelen enfrentar más fallas, menor disponibilidad y mayor presión operativa.
Sin embargo, la mejor estrategia no es elegir uno u otro, sino combinarlos inteligentemente. Un buen programa preventivo reduce al mínimo los correctivos, y un soporte técnico oportuno permite resolver cualquier falla con rapidez, evitando impactos mayores. Además, mantener los equipos en buen estado contribuye al cumplimiento de normas de seguridad y reduce riesgos para el personal.
En la práctica, las empresas más eficientes logran mantener una disponibilidad superior al 95%, precisamente porque integran el mantenimiento como parte de su estrategia operativa, no como una reacción.
En conclusión, entender qué tipo de mantenimiento solicitar, y cuándo hacerlo, es clave para reducir fallas, evitar paros operativos y alargar la vida útil del montacargas. No se trata de gastar más, sino de gestionar mejor.
En JV Montacargas, en conjunto con Toyota Material Handling y The Raymond Corporation, ayudamos a las empresas a implementar estrategias integrales de mantenimiento preventivo y correctivo, así como soluciones en renta y venta de montacargas, asegurando equipos confiables, seguros y siempre disponibles.
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